corpus

Corpus 2019

20/06/2019 - 23/06/2019
19:00
La Puebla del Río

Feria y Fiestas del Corpus de La Puebla del Río 2019

El Corpus es la festividad central en La Puebla del Río desde tiempo inmemorial, como más abajo narramos. Forma parte de la identidad "cigarrera" e impregna buena parte de la personalidad, el orgullo, y la idiosincrasia de sus habitantes.

El conjunto de actos que se celebran van desde los puramente religiosos hasta los deportivos, culturales y, cómo no, los festivos, pues ya son muchos los años en que Feria y Copus van unidos en el calendario.

La Hermandad Sacramental es la encargada de organizar todo lo que tiene que ver con la procesión, los actos preparatorios y devocionales. Aunque una reciente modificación en sus reglas relegan a la más antigua corporación de La Puebla a mera colaboradora de la parroquia para estos menesteres, lo cierto es que, más allá de párrocos o diócesis de cada época histórica, y aún presentando cada año novedades que la hacen una celebración muy viva, esta festividad se ha venido conformando como una tradición que descansa sobre la amplia participación de la población, organizada en parte en la asociación más primitiva del pueblo.

Por su parte, la feria tiene unos tiempos paralelos, pero bien diferenciados, como diferente es el escenario en que se desarrolla. Si son las calles de La Puebla el marco, la solemnidad la actitud principal, y la liturgia y simbología religiosas las características del Corpus, la feria tiene lugar en el recinto instalado a la orilla del Guadalquivir, con la jovialidad y el arte como actitudes reseñables entre quienes la protagonizan.

Resultado de imagen de feria "puebla del río"

 

Imagen relacionada

Agenda

Tras la presentación del cartel y el cabildo de cultos y procesión, la Meditación cumple este año su décima edición. Tendrá lugar en la Parroquia, el

Jueves, 13 de Junio, a las 21h, a cargo del sacerdote marianista José María Osborne Ysasi.

Triduo: durante los días 14 y 15 a las 21h, previa exposición del Santísimo.  

Miércoles, 19 de Junio, a las 21h, Vísperas, con el acompañamiento musical del Coro Santa María de Coria del Río

Jueves, 20 de Junio, a las 11h, Función Principal

                                  a las 19:30h, Magna Procesión del Corpus, con el acompañamiento musical de la Centuria Macarena, El Carmen de Salteras, Coro Dabar y Banda Municiapal de La Puebla del Río. 

 

En la vertiente profana, el grueso de los actos comienza el

Domingo, 16 de Junio:

10h, tradicional carrera ciclista por las calles centrales de la localidad

22h, Pregón del Corpus, a cargo de Aurelio Verde, en la plaza del Ayuntamiento.

Miércoles, 19 de Junio:

Tradicional cena del pescaíto

 

Las actuaciones musicales, competiciones, exhibiciones, entregas de trofeos... se sucederán en el recinto ferial desde el 19 hasta el 23 de Junio

 

Contexto histórico

Actualmente La Puebla celebra y disfruta de unas fiestas a lo largo del año que nos dicen mucho de su propio carácter e idiosincrasia, como son "La Romería del Rocío", "Los Reyes Magos", "San Sebastián", "Ntra. Sra. de la Granada", "Viernes Santo" y, últimamente, "Los Carnavales". Todas nos dicen algo, aunque, por supuesto, cada cigarrero siente preferencia por una de ellas, dependiendo de su forma de ser y del ambiente que haya respirado en el entorno familiar.


Sin embargo, hay una, "El Corpus", que quizás por ser la más antigua en el tiempo, esté más arraigada y la sintamos todos por igual. Efectivamente, en Puebla se vive “por” y “para” las fiestas del Corpus: el año se divide en dos, un antes y un después del Corpus; la limpieza y blanqueado se hacen en el Corpus; la ropa se estrena por el Corpus; el hombre marismeño se desplazaba antiguamente a La Puebla por el Corpus; los que a causa de su trabajo viven fuera, vienen por el Corpus; y nuestra localidad tiene una cierta fama gracias a la "procesión del Corpus". Momento éste, el de la procesión, que nos llena a todos de orgullo, de nostalgia, de recuerdos de seres queridos que ya no están entre nosotros y, ¡como no!, de alegría. El Corpus, pues, es el referente de todos los acontecimientos que suceden en nuestro pueblo. Con la fiesta del Corpus, pues, La Puebla alcanza su momento álgido, y por mucho que haya cambiado a través del tiempo, nuestros sentimientos se mantienen imperecederos cuando llega “el día” y vemos la Custodia en las calles cubiertas de romero. Nos vienen a la mente, por tanto, recuerdos, imágenes, vivencias, nostalgia de otros Corpus, de otros tiempos, de otras formas de vivirlos, como nos ha venido a la memoria al recordar conversaciones oídas de niño a nuestros mayores y de algunos testimonios encontrados en artículos o pregones hallados en esa hemeroteca tan especial que son los antiguos “libros del Corpus”, que, desde 1949, se vienen publicando año tras año.

Las primeras noticias que tenemos del Corpus se remontan a un documento de 1583 en que se recoge la visita del arzobispado a la Parroquia, y de otro de 1585 en que se da cuenta de varios pagos por la Hermandad Sacramental. Ya a finales del siglo XVII, en 1691, existe un inventario en que aparece una custodia de plata, y dos años más tarde, en 1693, de un censo de hermandades de Puebla, entre las cuales está la citada Hermandad. Ya en el siglo XVIII, concretamente en 1716, es aprobada la “Regla de los Hermanos de la Ilma. Hermandad del Santísimo Sacramento” sita en la villa de la Puebla junto a Coria; aunque, como apuntaba el Prioste de la Hermandad en la página 15, “Digo que la Regla de dicha Hermandad, se ha perdido muchos días antes, por cuya razón la misma, ha hecho nueva Regla que es la que presento y juro, mediante lo cual”, es decir, debemos, pues, considerar que la antigüedad se remonta a algunos siglos antes. Dichas Reglas son un auténtico modelo de sencillez y de sentido práctico, lo que se desprende de una atenta lectura de los breves y escasos capítulos de que constan (sólo 10). Tal vez la Custodia fue construida poco antes, y esto animara a los devotos a formalizar sus reglas, que ya, como hemos apuntado, estaban ahí. De hecho, sin abandonar el siglo XVIII, tenemos algunas noticias en las “Respuestas Generales” del Catastro de Ensenada (1751), que, en la pregunta 25 del Interrogatorio -en donde se relacionan los Gastos de Propios del Ayuntamiento- especifica “que no es de su cargo la fiesta del Corpus por costearla la Hermandad”. Más claro, que el Ayuntamiento no costeaba nuestra principal fiesta. Con ello queda evidente la presunta solvencia económica de la Sacramental por aquellas fechas. 
Su salida en procesión tuvo también un privilegio especial, desde casi sus comienzos: el poder hacerlo por la tarde. Existe un curioso documento –un simple oficio- en su poder en el que el secretariado de Cámara del Arzobispado de Sevilla contesta a la petición conjunta del Alcalde de La Puebla y de su cura párroco en el sentido de que la procesión del Corpus de nuestro pueblo pueda celebrarse no por la mañana, como era costumbre, sino por la tarde. Se accede a lo solicitado, pero se añade “a condición de que a la caída del sol vuelva al templo la procesión, a fin de evitar cualquier profanación o desorden que de otro modo pudiera resultar”. El documento es de 1871, y es de suponer que desde entonces la procesión esté saliendo por la tarde.

De esas fechas –segunda mitad del siglo XIX-se tienen escasas noticias sobre las celebraciones Eucarísticas de La Puebla; pero, parece ser, que la procesión se limitaba a la salida a la calle Duquesa de Sevillano (antes de la Iglesia, después de Miro, y hoy “La Niña”) y alrededores de la iglesia, que se adornaban con tarajes, álamos y unos farolillos “al estilo veneciano”: de papel con velas encendidas dentro. La procesión se limitaba, entonces, a ese recorrido, como es habitual en todos los pueblos actualmente, no existiendo aún la feria ni, por supuesto, habían aparecido aún las casetas.

La imagen puede contener: una persona, de pie y exterior

Algo más tarde –quizás en los comienzos del siglo XX- el recorrido de la procesión se alarga, llegando hasta la ermita de San Sebastián, para coger calle Larga abajo hasta la esquina de Anita la del Carbón ( calle Palmillas ), girar a la izquierda –dejando al río enfrente- y tomar la calle Marqués de Casa-Riera (hoy Santa María) para llegar de nuevo a la Iglesia.

La imagen puede contener: una o varias personas, boda, multitud y exterior

Pero será a partir de los años veinte cuando, de la mano de un cigarrero ejemplar, Don Manuel Campos Silgado (conocido familiarmente como Manolito Campos el del “Garrotal”, y que durante muchos años fue Hermano Mayor de la Sacramental), la Hermandad alcanzó gran auge, ulteriormente mantenido por los que le siguieron, entre ellos, su sobrino, D. Manuel Fernández Campos, Ingeniero Director de la Compañía Sevillana de Electricidad. Fueron en esos años cuando llega a materializarse un Corpus más entrañable y en los que el pueblo entero comenzó a vivir y a celebrar “nuestra fiesta” por excelencia. Los campos quedaban en reposo, y desde los más lejanos confines de las marismas sus hombres emprendían el camino hacia el pueblo –siendo, en muchos casos, la única vez que lo visitaban en el año-; los caseríos se despoblaban, y en el Cortijo Nuevo, la Isleta, Rojas, Casas Reales, Rubiales, El Mármol, el Cortijo de los Pobres, la Marmoleja, el Cogujón, Puñana, la Huerta del Cojo, Los Olivillos, La Abundancia, la Veta de la Palma,… no quedaba nadie. Esos hombres, esos trabajadores –a veces, familias enteras- venían por veredas, sendas y caminos, y entraban por El Caramanchón, la Cuesta Colorá, El Pozo Concejo, El Callejón de la Arbolea, el Camino de las Tapias, la Barqueta; algunos, que tenían su aposento en el “otro lao” del río, lo atravesaban en una barquilla, y desde el muelle se dirigían a la cuesta de las “Palmillas”, hasta llegar a su vivienda.

La imagen puede contener: una persona, boda y exterior

Con esta riada humana, es de suponer que las calles de La Puebla, solitarias y silenciosas habitualmente, adquirían gran bullicio y animación, y eran momentos de saludos y abrazos, mientras que en la taberna de la Plaza el mosto de Bollullos y Umbrete y el vino más hecho de Gines, circulaba con fluidez por las gargantas de esos hombres recios más que en ningún otro día del año.
Mientras los hombres se regaban interiormente con el líquido vivificador, las mozas iban dando los últimos toques a sus tareas de limpieza y encalado de las fachadas, así como al vestido que tenían que estrenar.

Y llegado el “gran día”, la mañana cobraba su protagonismo, siendo el centro neurálgico la Iglesia, con su “Función Principal” y el repique de campanas –aún no había hecho acto de presencia la “diana floreada”-, un repique de campanas con sus sones agudos y graves, presididos por el loco volteo -rápido y jubiloso- de la esquila,la cual parecía que presentía que era “su día”. Desde “El Santo” a la “Barqueta”, y desde el “Caramanchón” a “Las Palmillas”, el pueblo se despereza y la mañana se convierte en un ir y venir, en un batiburrillo de gente de un lado para otro: las mozas y los mozos se dirigen a la iglesia, donde las campanas se convierten en las grandes protagonistas, estableciéndose un pugilato entre los mozos para ver quién atraviesa primero el “cancel”, sube por la estrecha y oscura escalerilla que lleva hasta la azoteilla y salva los cuatro escalones que le separan para llegar al campanario y comenzar a voltear la esquila. Son momentos de tensión y de demostrar la hombría, la fuerza, la habilidad, pues, desde abajo, un ramillete de mozas observa, con corazones expectantes, si ha sido su novio el primero en llegar.
Mientras todo esto ocurre, comienzan a entrar en el pueblo volquetes con el romero arrancado en los Montes durante la madrugada, y que una cuadrilla de “alfombreros” se encarga de esparcir por todas las calles, que, al poco, quedan impregnadas con su aroma penetrante, y la atmósfera convierte a La Puebla en algo singular, único. 
La función religiosa termina, y mientras las mujeres se dirigen a sus casas, los hombres buscan el refrescarse interiormente en la taberna, después del esfuerzo “campaneril”; pero todos, azuzando las horas para que llegue la tarde con celeridad.

Y llega la tarde. Como la Custodia tiene que estar recogida antes de la puesta del sol, a las cinco la parroquia ya está a rebosar, así como sus alrededores: el ”Porche”, la explanada del Rincón y la calle Miro. A las seis comienza de nuevo el volteo incesante de las campanas; se forma la procesión en el interior del templo: mozos y mozas con velas y cirios que irán acompañando el desfile procesional; el Hermano Mayor, el Teniente Hermano Mayor y el Secretario de la Sacramental se colocan con sus varas delante de la Custodia; detrás de ella el Clero bajo palio, e inmediatamente las autoridades.
Empieza el desfile en medio de un silencio impresionante y enfila la calle Miro hacia el Santo, y, nada más comenzar, desde la Hacienda cae sobre la Custodia una lluvia de flores; al llegar a la estacadilla de Campos, se divisa, por primera vez, el río a través del olivar; e inmediatamente la procesión pasa junto a unas humildes chozas, de las que sus moradores han salido a la puerta y esperan arrodillados y llenos de respeto; se oye una campanita y un desgarrado cohete que supone el comienzo de unos fuegos de artificio: se ha llegado a la Capilla. Parón, descanso de los costaleros y entrada en la calle Larga; nuevo silencio y recogimiento, como muy bien supo recoger el poeta:

Es Corpus… La calle Larga,
al paso de la Custodia,
es un rezo entre suspiros
con esperanzas de gloria.
Las ventanas y balcones
sus enrejados adornan
con lujo de colgaduras,
mantones, sábanas, colchas
que en los cajones de cedro
durante el año reposan.

La procesión por la ermita
del Santo Patrón asoma…
De luz se llena la calle
en un delirio de auroras.
Oraciones que son llanto,
y en el balcón de la boca
soñar de palabras mudas
en un descanso de coplas…
Y estribillo del silencio.
¡Qué bonita es la Custodia!

Vía Crucis de plegarias
a las gargantas asoma…
Temblores de cal y sol
en almohadas de sombra.
Arcángeles celestiales
arrancan de su corona
para al señor ofrecerlos
nardos, jazmines y rosas…
Paso a paso, costaleros.
¡Qué bonita es la Custodia!

 

Sigue su camino el cortejo, y, al fondo, ya se divisan la Barqueta, la Huerta Grande, las fértiles tierras de la Vega… y el río, ese río tan nuestro que no tendrá más remedio que proclamar que La Puebla está de fiesta:

Cuando llegue el río al mar
con sus ilusiones nuevas,
y las olas le pregunten,
sólo dará una respuesta:
En honor del Corpus Christi,
Puebla del Río está en fiesta.

Continúa la procesión, y, al llegar a la calle Pescadores, nuevo giro a la izquierda para enfilar la calle Pinta y la Santa María. El nuevo volteo de campanas anuncia la cercanía de la Iglesia; gentío, emoción, silencio, subida de los escalones del Porche, Marcha Real: ya está entrando la Custodia. Ha finalizado la procesión, y de debajo del paso, sudorosos, cansados, pero satisfechos por el deber cumplido, salen Lucas, Beltrán, Carlete, “El Teta”, que, un año más, han hecho honor a la tradición"...

JOSÉ MATÍAS GONZÁLEZ ARTEAGA
LA PUEBLA A TRAVÉS DE SUS IMÁGENES (2009)

 

 La imagen puede contener: una persona, exterior

 

 

"Se escapa mi mente sola
a una calle de romero,
a una tarde calurosa
y a cohetes en el cielo…
Se escapa mi mente sola, 
y detenerla no quiero…

La imagen puede contener: una persona, multitud y exterior

El aire que se respira, 
es el mismo que en los sueños.
Todo es distinto, como aislado
en una urna de incienso,
que va nublando la calle
y va metiéndote dentro.

Y van pasando los pasos:
San Sebastián mira al cielo
llevando una escolta pura
de almirantes, marineros
y también un comandante
de un mercante petrolero,
que no olvidarán nunca
ese desfile primero.
Amigos de cuerpo y alma
que comparten sus secretos.

La imagen puede contener: una persona, exterior

Y el pequeño Pastorcito
llevado por costaleros,
cantera de corazones,
crujía de sus maderos
que no se esconden de nada
para llevarlo hasta el cielo.

Vestidas de blanco puro,
bajan las nubes al suelo,
y sus pétalos de rosas
y sus flores en el pelo…
Van dejando su sonrisa
en cada esquina del pueblo.
Con su pureza refrescan,
el aire por aire nuevo.

 

Escolta de monaguillos
pequeños y marrulleros
que marcan con su varita 
el camino verdadero...

El aire que se respira…
es el mismo de los sueños…

Y pasa mi simpecado,
moreno de lo senderos,
trayendo una historia nueva
esculpida a sentimientos
de polvo de la marisma,
de camino, de silencios,
de plegaria, de promesas.
Y de amor y sufrimiento…
¡Y mil secretos guardados
que van directos al cielo!

El aire que se respira… 
Es el mismo que en los sueños…

Suena el compás de una banda
tocando Campanilleros.
Y aparece mi Granada
recién bajada del cielo,
Madre de los corazones
de todos los cigarreros.

¡Ay virgen de la Granada
eres Madre de mi pueblo
y Pastora de las nubes,
Protectora del que sube 
a los cielos marismeños!…

El aire… el aire que aquí se respira, 
es el mismo que en los sueños…

¡Llevas a tu hijo de la mano,
Como hizo contigo su abuelo...!
¡Y así levantas la vista y ves...!
¡ Y ves a Dios en el centro
de su Custodia dorada
por manos de un carpintero
desparramando su gloria
en cada adoquín del suelo.!
¡¡¡Ese es el Cuerpo de Cristo
que sale a buscar al pueblo
y el pueblo adora a su paso
la gloria eterna del Cuerpo!!!

Dios que alumbra mi mirada
¡Dios altivo, Dios eterno!
Corpus Christi, tarde magna
Cospus Christi,
¡Dios y El Pueblo!"

(del pregón del Corpus 2012)
José Joaquín Peulach Martinez